I. He decidido que voy a viajar desde Chivilcoy hasta Estados Unidos. Para ello usaré un camión gigantesco, es realmente una mole. Me siento para conducir, voy por la salida de Chivilcoy hacia Ruta 5, y cuando ya arranqué caigo en la cuenta de que prácticamente no sé conducir, y además los comandos del camión son extraños. Tiene un volante, pero en vez de palanca de cambio y pedales tiene una botonera que no sé cómo se maneja. Pero ya estoy al volante, y mientras voy derecho no encuentro problemas aunque voy rogando que no se me cruce ningún niño. Repentinamente aparece ante mí una carretera transversal, y atrás hay un enorme embalse. Doblo como puedo pero la carretera tiene escaleras y se diversifica y no sé cómo hacer para que el camión marche como debiera. También soy repentinamente consciente de que, además, desconozco cómo llegar hasta Estados Unidos y mucho menos atravesarlo, no tengo mapa de rutas ni nada. Aunque esto me alarma y me auto-recrimino por haber salido tan poco preparada, tampoco me siento especialmente asustada.
II. Estoy en un auto pequeño, creo que es un Citroen 4L o algo similar, en el asiento de acompañante. El conductor es un hombre de unos 60 años, que sé que es o ha sido el amante de una amiga (Radha?). Este hombre me resulta atractivo, es delgado, usa bigotes bastante grandes -creo que se parece un poco a R. Fogwill-. El hombre detiene el auto, es una calle como de pueblo y ha anochecido. Se acerca a mí para besarme, y estoy decidiendo si voy a aceptar o no tener sexo con él, y en ese preciso instante se muere. La situación no me preocupa ni me asusta, pero sí me apena por él, es alguien por quien sentía respeto y cierta admiración. De alguna manera el hombre ya está en su casa, donde la familia está haciendo los preparativos para el funeral.La casa es en la Patagonia. Aviso a algunos amigos comunes para que nos traslademos, entre estos amigos se encuentran Enrique Obejero, Hernan Balatti. Cuando llegamos, está la que fuera esposa del hombre muerto. Es una mujer sumamente agradable, de alrededor de 60 años, y es maestra. Como muestra de respeto aceptamos tomar una clase con ella, y entonces nos sentamos todos en sendos pupitres. Ella va diciendo cuentas en voz alta, o las escribe en el pizarrón, y nosotros respondemos. Hace la siguiente cuenta:
1 + 6
11 + 12
Yo levanto la mano para responder, aunque ni siquiera he mirado la cuenta, y luego me avergüenzo porque me cuesta mucho encontrar la solución a la segunda suma.
lunes, 11 de enero de 2010
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)