lunes, 26 de abril de 2010
10.04.26: Sueño de oficina
Voy a mi trabajo habitual, que al parecer es una editorial de éxito, y que no se relaciona en nada con trabajos anteriores que tuve. Es una oficina muy moderna, limpia, blanca, re publicitaria. Pero al llegar la oficina toda revuelta, están poniendo más escritorios y han sacado otros, hay cajas por todas partes y la sensación general de estar armando una "escena" para terceros. Y veo que está la gente para la que solía trabajar hace más de diez años. Enseguida capto lo que está sucediendo. Mis ex jefes están montando una escena de oficina moderna y nueva para algún potencial cliente, y para eso le han pedido prestada las instalaciones a la gente de la editorial. Estoy molesta por esa intrusión de mi pasado, pero colaboro. Enseguida de comenzar a colaborar siento un malestar creciente porque mis ex jefes comienzan a darme órdenes, como si yo aún trabajara para ellos, pero además noto que se han traído a todos los empleados que supuestamente habían echado cuando cerraron las viejas oficinas para las que yo trabajaba, y me doy cuenta de que los han recontratado a todos, menos a mí. Y a pesar de que no tengo ningún deseo de volver a trabajar para ellos, igual me molesta que no hayan considerado recontratarme.
viernes, 9 de abril de 2010
10.04.08: Sueño de la vecina envenenadora
Estaba en mi patio, que se veía bastante más grande y luminoso de lo que es en realidad. Y estaba barriendo. Y mientras hacía eso escucho una conversación en el patio de al lado. La conversación la mantenían el ex administrador del edificio (aunque en el sueño no era "ex"), y una vecina de dos pisos más arriba (que en el sueño vivía en el depto al que pertenece el patio lindero), y entre ellos se decían algo así como:
- ¿Y qué vamos a hacer para que no lo sepan?
- No queda otra, hay que matarlo.
Yo sabía que se referían a otro vecino, que había descubierto cierta tramoya de estafa (la cual es cierta en esta realidad).
En ese momento hacen un silencio, y el administrador llama:
- ¿Cecilia?
Inmediatamente sé que se dieron cuenta de que yo había oido todo, y que ahora querrán eliminarme. Por una puertita que separaba ambos patios (que no existe), entra entonces la vecina, lleva en sus manos un fuentón lleno de un líquido que sé que es veneno, lo derrama en mi patio y se retira con una sonrisa diabólica. Me doy cuenta de que quieren envenenar primero a mis gatos. Me siento impotente frente a ellos, entonces intento lavar lo más rápido que puedo todo el veneno, pero igual sé que es inevitable que alguno de los gatos no se intoxique. No estoy demasiado asustada, lo que siento es la inevitabilidad de los hechos que se avecinan. Me pregunto qué debería hacer, y llamo a Mabel. Ella consigue un abogado, y con ella y el abogado nos vamos al patio de al lado. Intento decirles, a todos, que escuché la conversación en la que declaraban su intención de matar al vecino, y de que ya han intentado envenenar a mis gatos y querrán envenenarme también a mí, pero nadie hace demasiado caso a lo que digo e intentan llevar las cosas por el lado legal. Me hacen sentir hastiada, y siento que tengo que tomar el asunto por mano propia.
- ¿Y qué vamos a hacer para que no lo sepan?
- No queda otra, hay que matarlo.
Yo sabía que se referían a otro vecino, que había descubierto cierta tramoya de estafa (la cual es cierta en esta realidad).
En ese momento hacen un silencio, y el administrador llama:
- ¿Cecilia?
Inmediatamente sé que se dieron cuenta de que yo había oido todo, y que ahora querrán eliminarme. Por una puertita que separaba ambos patios (que no existe), entra entonces la vecina, lleva en sus manos un fuentón lleno de un líquido que sé que es veneno, lo derrama en mi patio y se retira con una sonrisa diabólica. Me doy cuenta de que quieren envenenar primero a mis gatos. Me siento impotente frente a ellos, entonces intento lavar lo más rápido que puedo todo el veneno, pero igual sé que es inevitable que alguno de los gatos no se intoxique. No estoy demasiado asustada, lo que siento es la inevitabilidad de los hechos que se avecinan. Me pregunto qué debería hacer, y llamo a Mabel. Ella consigue un abogado, y con ella y el abogado nos vamos al patio de al lado. Intento decirles, a todos, que escuché la conversación en la que declaraban su intención de matar al vecino, y de que ya han intentado envenenar a mis gatos y querrán envenenarme también a mí, pero nadie hace demasiado caso a lo que digo e intentan llevar las cosas por el lado legal. Me hacen sentir hastiada, y siento que tengo que tomar el asunto por mano propia.
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