lunes, 6 de septiembre de 2010

10.09.06: Vendedor psicópata, violencia

El recuerdo global del sueño es confuso. Es como si en el sueño estuviéramos, los que participan y yo, actuando algún tipo de rol que no nos alcanza a importar demasiado..

Ocurre en otra ciudad (Capilla?), donde estaré poco tiempo. Hay más gente, a la que apenas conozco pero con quienes parece que tengo algún amigo en común, es decir es gente con la que tengo alguna relación superficial pero entre quienes estoy cómoda. Llega un vendedor de planes de larga distancia de telefonía, tiene un uniforme negro que en el sueño asocio con un correo privado. Este vendedor se dirige a mí, saca unas planillas en las que me muestra lo que se gasta usualmente de teléfono y los beneficios que obtendría en caso de comprar su plan. No le explico, no sé por qué, que yo no vivo allí ni tengo teléfono. De todas formas él parece estar al tanto de esto y no parece importarle, es como que la venta en sí es excusa para otra cosa. Mientras me explica estas cosas lo veo dirigir miradas rápidas hacia otra gente que está a mi alrededor. Pasa un niño de unos 12 años, negro. Y otro muchacho de unos 25. El vendedor los mira especialmente mientras me va hablando, y yo lo escucho pero lo vigilo, no confío en él.
No recuerdo bien qué sucede a continuación, si es que sucede algo. Lo siguiente en el sueño es que es la tarde (no sé qué horas del día serían antes, pero ahora lo relevante es que es la tarde), yo percibo el peligro, sé que algo grave está pasando. Tomando muy fuerte a Fran de la mano voy hasta la plaza (muy parecida a la plaza España de Chivilcoy) y me acerco a la parte más oscura. Detrás del banco semicircular, veo esta escena: En el sueño, el chico negro, tirado en el piso, molido a golpes, de hecho creo que está muerto, el color de la piel es gris y violeta por los golpes,  veo a un niño (sé que el vendedor lo obligó a hacer esto) golpeándolo con una piedra en el rostro. El otro muchacho, el de 25 años, está siendo atacado también a golpes de porra por el vendedor. El se defiende como puede pero lleva gran desventaja. Con gran angustia aferro fuerte a Fran y me retiro lo suficiente como para que el vendedor no me vea, y aviso por celular a la esposa del muchacho (que está embarazada) para que consiga ayuda. Enseguida y con alivio veo venir un camión de esos grandes y potentes, quien lo maneja es Agustín (un antiguo compañero mío de trabajo). Aunque no lo veo, sé que apresan al vendedor psicópata y rescatan al muchacho. La señora embarazada llora con alivio.