viernes, 1 de febrero de 2013
13.01.23: sueño de no querer volver a casa
Acaba un acto que no estoy segura si es de fin o de comienzo de año escolar de la escuela de Fran, aunque en mi sueño él es aún un bebé (Nota al margen: Fran me hizo notar que siempre que sueño con él, es un bebé). Al salir de la escuela ya está atardeciendo. Me quedo charlando con Mariana, la madre de una compañera de Fran, quien me cuenta que necesita alquilar un depto y entonces yo recuerdo que Mabel tiene el depto de su madre desalquilado. La posibilidad de conectarlas me pone contenta y prometo ocuparme. Ya es casi de noche y al pensar en mi casa la veo gris, medio derruida, y siento que no quiero vover ahi. Empiezo a andar, llevo a Fran en el cochecito "paragüitas" en que solía llevarlo cuando tenía uno o dos años, camino una par de cuadras bajando por Perú y llego a una especie de cruce de vías. Ahí hay un grupito de tipos de baja calaña, quienes se me acercan con intención de hacerme daño de alguna manera que no es clara. Uno de los tipos me apoya una barra cuadrada de metal en la nuca y empieza a apretarla, esto me provoca un dolor intenso, y aunque no me siento verdaderamente en peligro le pido al tipo que me deje en paz, que considere que estoy con el nene. Mientras digo esto procuro alejarlo de Fran. El tipo y los demás se van. Me apuro caminando en la misma dirección en que iba, ya es noche cerrada y el paisaje me es desconocido y esto me alarma un poco, así que paro un taxi para salir de ahi. Ni bien subimos el taxista arranca y me doy cuenta de que nunca me preguntó adónde iba, y ahi caigo en la cuenta de que tampoco sé adónde ir, no tengo adónde ir. Pienso vagamente en enfilar hacia el lado de Palermo pero siento que ahi tampoco me esperaría nadie, y mientras tanto el taxista acelera y me doy cuenta de que estamos sobre una vía de tren. El taxi va muy rápido, la via es muy angosta, apenas del tamaño del auto, y cerrada a ambos lados por una ligustrina espesa. En eso veo que de frente viene un tren, sé que no va a parar y todo lo que atino a hacer es abrir la ventanilla y sacar a Fran con cochecito y todo y arrojarlo del otro lado de la ligustrina, porque es el único modo de salvarlo. Mientras tanto el taxista, a quien no le preocupa nada de esta situación, se da vuelta e intenta tocarme, y yo quiero decirle que nos vamos a matar, y entonces me despierto.
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