miércoles, 16 de diciembre de 2009

09.12.12. La parienta fastidiosa

stoy habitando una casa, de la que no soy propietaria. Es una casa precaria, más bien una choza, las paredes son de caña, y tiene varios niveles, o desniveles, y espacios abiertos y en esos espacios abiertos hay plantas, y rocas, y agua. Mucha agua. Para recorrer la casa es inevitable tener que pasar de una altura a otra, de un espacio cerrado a uno abierto, y sobre rocas que están en el agua. No soy la propietaria, pero es mi casa, y sé que me cuesta mucho mantenerla, y mantenerme, de alguna manera esto tiene que ver con lo económico. Alguien más vive conmigo, no estoy segura de quién, creo que es una abuela, a la que no veo. Y llega una muchacha, una adolescente que dice ser familiar mío, no sé si sobrina o prima muy joven, ella aduce un parentesco muy cercano que me obliga a ocuparme también de su manutención. Yo sé que esto es mentira, que ella no es pariente mío de ninguna manera, y que lo que busca es habitar mi casa, y si es necesario matarme. La temo un poco, pero sobre todo me da como una especie de pena. Me pregunto si ella comprende que yo no puedo sostenerla, y que ella ni aunque quiera puede habitar en mi casa. Y llueve, llueve mucho. Mi parienta fastidiosa me molesta, pero no me deshago de ella.

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