lunes, 28 de junio de 2010

10.06.28: Sueño con Manu

En el sueño Manuel está en Capital y yo en Chivilcoy. Manuel ha ido a Capital -no sé desde dónde- y es su primer día en la Facultad (va a estudiar Medicina). Y yo siento que lo extraño tanto,  es una sensación muy fuerte de desear estar con él en persona, y entonces viajo a Capital sólo para verlo. Voy hasta la facultad, que aunque es el Pabellón I de Cs Exactas, está en Recoleta. Voy y me quedo un rato en el Hall Central y repentinamente me siento rara o incómoda, me pregunto qué le diré o cómo voy a justificar que llegué hasta ahí, pero me deshago inmediatamente de la incomodidad diciéndome que cuándo necesité excusas para  ver a Manuel. El está en clase, la clase termina y lo veo salir. Está como hace ocho años atrás, lleva el pelo corto, bigote y barba, y el aspecto desprolijo que solía cultivar. Se sorprende apenas de verme ahí, sonríe, y salimos caminando juntos. Es la tarde y me pregunta dónde haremos noche. Ahi me doy cuenta de que él contaba conque yo fuera y tuviera o consiguiera un lugar donde quedarnos. Le digo que no tengo la menor idea y que además sólo tengo $15. No le importa y a mí tampoco. Vamos caminando hasta la costa, y resulta que hay, sobre el río, un montón de barquichuelos, y de cada uno salen unas armazones con telas de una delicadeza extrema, que forman dibujos bellísimos. Son enormes,  los alambres de las armazones están forrados en dorado y las telas son translúcidas, color crema, parece un trabajo oriental. En las barcas, que son más bien pequeñas, hay mucha gente. Nos dicen que se trata de una muestra de la República Oriental del Uruguay. Los uruguayos que están sobre las barcas son muy amables y procuran conseguirnos algo para dormir. Alguien -no sé quién- se ha unido a nosotros, una chica. Al rato veo que Manuel está acostado, ahí cerca del río, en una camita que alguien de las barcas le ha conseguido. La chica y yo estamos sentadas también junto al río pero a unos diez metros de Manuel. Hace frío. Yo agarro la mochila de Manuel y procuro acomodarme sobre ella. De la barca me prestan una especie de colcha. Manuel me llama por el celular y me dice que por qué no compartimos la cama. Yo pienso que no vamos a entrar y que voy a dormir incómoda, pero igual voy. Nos acomodamos de lado, Manuel de pronto es inusitadamente pequeño, siento una gran ternura por él, una ternura con mezcla de pena, y lo sostengo abrazado para que no tenga frío ni miedo.

Me despierto y Fran se ha pasado a mi cama, y lo estoy sosteniendo igual que sostenía a Manuel en el sueño. Siento una añoranza repentina por Manuel. que casi me hace llorar de nostalgia.

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