lunes, 11 de octubre de 2010

10.10.11: sueño con Gabriela y la muñeca de trapo

Estoy en un tren. Es un tren muy parecido a los del FFCC Sarmiento, está en el mismo estado, los baños hediondos, muchos coches con poca o ninguna luz, pero es  inmenso, larguísimo. El tren está aún detenido en la estación, que parece ser la de Once. En el andén puedo ver a algunos conocidos, está Mollo con Patricio y Marina y algunos más que no percibo individualmente pero sé que son parte del grupo. Arriba del tren hay otros, sé que están Zippo, Pablo, algunos más. Recorro un pasillo que está bastante oscuro, y me cruzo con una mujer. Es Gabriela. Al principio me cuesta reconocerla porque ahora lleva el pelo cortito (se parece notablemente a Cabezón Cámara). Siento una gran alegría al encontrarla, pero ella me ignora ostensiblemente. Me paro frente a ella e intenta esquivarme, yo la freno y le hablo con lo que estimo como "mucha dignidad" (aunque suena definitivamente pomposo), le digo algo como esto: "Un momentito, Gabriela, ya que tengo esta oportunidad no la quiero desperdiciar. Imagino que creés tener razones para tratarme con tanto desprecio, pero  quiero creer que una persona como vos que defiende tantas causas nobles también tendrá una explicación para esto." Ella va a hablar pero entonces se queda como cortada, como si no supiera bien qué decir. Lo piensa un momento y luego me dice: "no te hagas la boluda, ya me contaron que vos rompiste mi muñeca negra." Esto me deja estupefacta y en un principio no sé a qué se refiere, entonces empiezo a recordar, con esfuerzo, que en alguna reunión en su casa alguien me dio una muñeca de trapo toda descosida. Recuerdo haberla tenido en mis manos, recuerdo haberla cuidado para que no se perdiera, pero no recuerdo más que eso y me siento muy angustiada por no poder explicar qué pasó luego con la muñeca negra, y todo lo que sé es que cuando me la dieron ya estaba rota. Intento explicárselo, pero la pena y la impotencia me quiebran la voz. Gabriela parece a la vez furiosa y avergonzada, resulta claro que ella tampoco está muy segura acerca de qué me estaba acusando pero que insiste en sostener la actitud, y esto de alguna manera me permite a mí soltarme. Me digo a mí misma que si esa es la manera en que Gab actúa, entonces qué sentido tiene insistir en la amistad. Pienso en alertarla, pero en cambio  le sonrío y la dejo seguir su camino, siento una gran paz interior.

Me despierto con una sensación de resaca y tristeza.

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