viernes, 1 de febrero de 2013
13.01.23: sueño de no querer volver a casa
Acaba un acto que no estoy segura si es de fin o de comienzo de año escolar de la escuela de Fran, aunque en mi sueño él es aún un bebé (Nota al margen: Fran me hizo notar que siempre que sueño con él, es un bebé). Al salir de la escuela ya está atardeciendo. Me quedo charlando con Mariana, la madre de una compañera de Fran, quien me cuenta que necesita alquilar un depto y entonces yo recuerdo que Mabel tiene el depto de su madre desalquilado. La posibilidad de conectarlas me pone contenta y prometo ocuparme. Ya es casi de noche y al pensar en mi casa la veo gris, medio derruida, y siento que no quiero vover ahi. Empiezo a andar, llevo a Fran en el cochecito "paragüitas" en que solía llevarlo cuando tenía uno o dos años, camino una par de cuadras bajando por Perú y llego a una especie de cruce de vías. Ahí hay un grupito de tipos de baja calaña, quienes se me acercan con intención de hacerme daño de alguna manera que no es clara. Uno de los tipos me apoya una barra cuadrada de metal en la nuca y empieza a apretarla, esto me provoca un dolor intenso, y aunque no me siento verdaderamente en peligro le pido al tipo que me deje en paz, que considere que estoy con el nene. Mientras digo esto procuro alejarlo de Fran. El tipo y los demás se van. Me apuro caminando en la misma dirección en que iba, ya es noche cerrada y el paisaje me es desconocido y esto me alarma un poco, así que paro un taxi para salir de ahi. Ni bien subimos el taxista arranca y me doy cuenta de que nunca me preguntó adónde iba, y ahi caigo en la cuenta de que tampoco sé adónde ir, no tengo adónde ir. Pienso vagamente en enfilar hacia el lado de Palermo pero siento que ahi tampoco me esperaría nadie, y mientras tanto el taxista acelera y me doy cuenta de que estamos sobre una vía de tren. El taxi va muy rápido, la via es muy angosta, apenas del tamaño del auto, y cerrada a ambos lados por una ligustrina espesa. En eso veo que de frente viene un tren, sé que no va a parar y todo lo que atino a hacer es abrir la ventanilla y sacar a Fran con cochecito y todo y arrojarlo del otro lado de la ligustrina, porque es el único modo de salvarlo. Mientras tanto el taxista, a quien no le preocupa nada de esta situación, se da vuelta e intenta tocarme, y yo quiero decirle que nos vamos a matar, y entonces me despierto.
lunes, 6 de junio de 2011
11.05.12: al cuidado de la chica "muerta"
Este sueño se enlaza de alguna forma indescifrable pero precisa con otro que tuve hace seis años, cuando Fran tenía días de nacido.
En el sueño, en el de ahora, Francisco y yo salimos de una boca de subte, y estamos en La Boca (no es el paisaje normal del barrio pero tengo muy claro que es La Boca). Yo no sé adónde estamos yendo pero Francisco sí y se adelanta corriendo por las calles, muy seguro de por dónde debe ir. Lo sigo como mejor puedo, retrasada por mi pierna lesionada. En determinado punto las calles comienzan a estrecharse y terminamos bajando unas escaleras entre paredes, muy angosta; bajamos dos o tres pisos y estamos en un pasillo que parece pertenecer a alguna especie de convento u hospital. El lugar es enorme y laberíntico. El pasillo en el que estamos da a varios cuartos, es blanco y las luces son fluorescentes, muy níveas. Veo pasar médicos y monjas de un lado a otro. Fran parece conocer perfectamente este lugar, y se adelanta y lo pierdo de vista. En este momento Fran desaparece de mi sueño, y no le dedico ni medio pensamiento. Lo que sí me inquieta es este lugar, y más cuando me entero, o sé, no sé bien cómo, que ahí mantienen a alguien que es sagrado para ellos. Se trata de alguien a quien consideran como una especie de fenómeno o de santa, que lleva "muerta" mucho tiempo pero a la que de alguna forma cada tanto despiertan y vuelven a la vida. El para qué la despiertan es algo confuso, sólo sé que es algo valioso para ellos (y "ellos" son mucha gente, no sólo los que están acá en este lugar, sé que es algo con un alcance muy vasto y a la vez muy secreto), la despiertan y ella funciona como si fuera una especie de médium, les transmite cierta información o mensaje de muchísimo valor para ellos. No la dejan salir de allí y tiene asignado un médico que hace las veces de guía o acompañante y que es quien la despierta o duerme según sea la necesidad. Tanto para despertarla como para dormirla de nuevo, así como para algunas otras cosas, lo hacen con órdenes sencillas, y como si fuera alguien hipnotizado, responde de manera inmediata haciendo lo que le indican. Fuera de eso podría pasar por una chica común y corriente. Esta chica conoce su condición y la acepta. En el pasillo también hay de tanto en tanto grupitos de gente que parecen ser enfermeros o personal del lugar, charlando o mirando tele en unas pantallas que cuelgan del techo de tramo en tramo. A Fran ya no lo veo pero esto no me da ninguna preocupación, en cambio estoy sumamente inquieta con respecto a la chica, aunque todavía ni siquiera la he visto. Al cabo de andar un poco se arma un pequeño revuelo en otra parte del pasillo y veo venir unas monjas que me asignan un cuarto, en ese cuarto van a poner a la muerta, y yo tengo que cuidarla porque van a despertarla. Yo estoy temblando, me aterra pensar que voy a estar allí adentro de ese cuarto, tan abajo en la tierra, cerrado, con un cadáver al que tengo que "cuidar". Y no sé qué significa exactamente eso, pero tengo una enorme aprensión. Traen el cadáver y en verdad parece una chica dormida y temo inspirar profundo por miedo a sentir el tufillo a descomposición que mi nariz alcanza a adivinar. Estar en ese cuarto cerrado con el cadáver me provoca gran aprensión, pero no encuentro cómo negarme. Es algo en lo que estoy metida quiera o no, lo mismo que mi hijo, y eso lo tengo muy claro. Me disgusta pero lo acepto. Enseguida entra el médico/acompañantw, y despierta a la chica. Esto es algo horrendo para mí, aunque en verdad no tendría nada de anormal si fuera una chica dormida. Ella se despierta instantáneamente y se sienta. No parece sorprendida de verme, de hecho ni siquiera me dirige la palabra. Es una joven de unos 20 y tantos, extremadamente delgada. Lleva el pelo cortado de forma casi masculina, y su aspecto en sí es como el de una púber, parece casi un muchachito. Lleva una remera blanca sin mangas y un jean. Le echa un vistazo a su propia ropa, acto que considero como una forma de constatar en qué época se encuentra (sé que lleva muerta cientos de años y que ella lo sabe, y sabe que la despiertan de tanto en tanto). No parece ni aterradora (y sin embargo lo es), ni asustada, ni nada. Como si estuviera cumpliendo un trabajo. Noto que entre ella y el médico hay una relación de larga data, y aceptación de parte de ella. El médico nos indica que avancemos. Empezamos a caminar por el pasillo y nos dirigimos hacia una habitación que está hacia el principio del pasillo por el que entré, y sé que ahi en un determinado cuarto esta chica va a dar su mensaje, revelación, lo que sea que ellos están esperando. Yo voy adelante y ella viene justo detrás mío, el médico cierra la marcha. Soy muy consciente de que la chica viene casi pegada a mí, la aprensión continúa y trato de pensar en ella como en un ser humano normal, porque hasta incluso siento cierta simpatía por ella, pero no puedo dejar de recordar que ella está muerta, que es un cadáver caminando, y lo anómalo de la situación me tiene al borde del pánico. Soy muy consciente de lo cerca que está ella de mi espalda y siento una enorme repulsión a ser rozada o tocada por ella, y respiro profundo para obligarme a calmarme y que no se note. Avanzamos y veo más adelante un grupo de enfermeros, o personal del lugar, que están descansando en unas sillas y mirando una tele. Uno de ellos me mira y siento que conoce perfectamente el pánico que tengo, y en el momento en que pasamos a su lado, le susurra a la muerta una orden. Yo lo escucho, le dice "sueño" (y sé que lo hace buscando el efecto de que ella caiga y al caer lo haga sobre mí) Al oir la orden, de manera instantánea la chica vuelve a su condición de cadáver, y el cuerpo empieza a caer, y yo sé, siento profundamente que soy responsable de ella, que estoy obligada a cuidarla, así que a pesar del asco y la aprensión giro y la atajo en mis brazos para que no caiga. Y me despierto.
En el sueño, en el de ahora, Francisco y yo salimos de una boca de subte, y estamos en La Boca (no es el paisaje normal del barrio pero tengo muy claro que es La Boca). Yo no sé adónde estamos yendo pero Francisco sí y se adelanta corriendo por las calles, muy seguro de por dónde debe ir. Lo sigo como mejor puedo, retrasada por mi pierna lesionada. En determinado punto las calles comienzan a estrecharse y terminamos bajando unas escaleras entre paredes, muy angosta; bajamos dos o tres pisos y estamos en un pasillo que parece pertenecer a alguna especie de convento u hospital. El lugar es enorme y laberíntico. El pasillo en el que estamos da a varios cuartos, es blanco y las luces son fluorescentes, muy níveas. Veo pasar médicos y monjas de un lado a otro. Fran parece conocer perfectamente este lugar, y se adelanta y lo pierdo de vista. En este momento Fran desaparece de mi sueño, y no le dedico ni medio pensamiento. Lo que sí me inquieta es este lugar, y más cuando me entero, o sé, no sé bien cómo, que ahí mantienen a alguien que es sagrado para ellos. Se trata de alguien a quien consideran como una especie de fenómeno o de santa, que lleva "muerta" mucho tiempo pero a la que de alguna forma cada tanto despiertan y vuelven a la vida. El para qué la despiertan es algo confuso, sólo sé que es algo valioso para ellos (y "ellos" son mucha gente, no sólo los que están acá en este lugar, sé que es algo con un alcance muy vasto y a la vez muy secreto), la despiertan y ella funciona como si fuera una especie de médium, les transmite cierta información o mensaje de muchísimo valor para ellos. No la dejan salir de allí y tiene asignado un médico que hace las veces de guía o acompañante y que es quien la despierta o duerme según sea la necesidad. Tanto para despertarla como para dormirla de nuevo, así como para algunas otras cosas, lo hacen con órdenes sencillas, y como si fuera alguien hipnotizado, responde de manera inmediata haciendo lo que le indican. Fuera de eso podría pasar por una chica común y corriente. Esta chica conoce su condición y la acepta. En el pasillo también hay de tanto en tanto grupitos de gente que parecen ser enfermeros o personal del lugar, charlando o mirando tele en unas pantallas que cuelgan del techo de tramo en tramo. A Fran ya no lo veo pero esto no me da ninguna preocupación, en cambio estoy sumamente inquieta con respecto a la chica, aunque todavía ni siquiera la he visto. Al cabo de andar un poco se arma un pequeño revuelo en otra parte del pasillo y veo venir unas monjas que me asignan un cuarto, en ese cuarto van a poner a la muerta, y yo tengo que cuidarla porque van a despertarla. Yo estoy temblando, me aterra pensar que voy a estar allí adentro de ese cuarto, tan abajo en la tierra, cerrado, con un cadáver al que tengo que "cuidar". Y no sé qué significa exactamente eso, pero tengo una enorme aprensión. Traen el cadáver y en verdad parece una chica dormida y temo inspirar profundo por miedo a sentir el tufillo a descomposición que mi nariz alcanza a adivinar. Estar en ese cuarto cerrado con el cadáver me provoca gran aprensión, pero no encuentro cómo negarme. Es algo en lo que estoy metida quiera o no, lo mismo que mi hijo, y eso lo tengo muy claro. Me disgusta pero lo acepto. Enseguida entra el médico/acompañantw, y despierta a la chica. Esto es algo horrendo para mí, aunque en verdad no tendría nada de anormal si fuera una chica dormida. Ella se despierta instantáneamente y se sienta. No parece sorprendida de verme, de hecho ni siquiera me dirige la palabra. Es una joven de unos 20 y tantos, extremadamente delgada. Lleva el pelo cortado de forma casi masculina, y su aspecto en sí es como el de una púber, parece casi un muchachito. Lleva una remera blanca sin mangas y un jean. Le echa un vistazo a su propia ropa, acto que considero como una forma de constatar en qué época se encuentra (sé que lleva muerta cientos de años y que ella lo sabe, y sabe que la despiertan de tanto en tanto). No parece ni aterradora (y sin embargo lo es), ni asustada, ni nada. Como si estuviera cumpliendo un trabajo. Noto que entre ella y el médico hay una relación de larga data, y aceptación de parte de ella. El médico nos indica que avancemos. Empezamos a caminar por el pasillo y nos dirigimos hacia una habitación que está hacia el principio del pasillo por el que entré, y sé que ahi en un determinado cuarto esta chica va a dar su mensaje, revelación, lo que sea que ellos están esperando. Yo voy adelante y ella viene justo detrás mío, el médico cierra la marcha. Soy muy consciente de que la chica viene casi pegada a mí, la aprensión continúa y trato de pensar en ella como en un ser humano normal, porque hasta incluso siento cierta simpatía por ella, pero no puedo dejar de recordar que ella está muerta, que es un cadáver caminando, y lo anómalo de la situación me tiene al borde del pánico. Soy muy consciente de lo cerca que está ella de mi espalda y siento una enorme repulsión a ser rozada o tocada por ella, y respiro profundo para obligarme a calmarme y que no se note. Avanzamos y veo más adelante un grupo de enfermeros, o personal del lugar, que están descansando en unas sillas y mirando una tele. Uno de ellos me mira y siento que conoce perfectamente el pánico que tengo, y en el momento en que pasamos a su lado, le susurra a la muerta una orden. Yo lo escucho, le dice "sueño" (y sé que lo hace buscando el efecto de que ella caiga y al caer lo haga sobre mí) Al oir la orden, de manera instantánea la chica vuelve a su condición de cadáver, y el cuerpo empieza a caer, y yo sé, siento profundamente que soy responsable de ella, que estoy obligada a cuidarla, así que a pesar del asco y la aprensión giro y la atajo en mis brazos para que no caiga. Y me despierto.
viernes, 29 de abril de 2011
11.04.29: Avenida del sur del Sur
Al parecer aún vivo en el depto frente al parque Lezama (por alguna razón, sueño a menudo que aún vivo ahí). Es de noche y parece que he quedado con unos amigos en encontrarme con ellos en alguna parte de La Boca. Voy hacia allá pero no sé bien la dirección, y llego hasta el final del barrio. Sólo que en vez de toparme con el río, termino encontrando un nuevo barrio, que entiendo es desconocido prácticamente para todo el mundo. Encuentro una especie de plazoleta o boulevard, que está rodeada por una calle circular, con un cartel que reza "Avenida del sur del Sur". Me sorprende y me intriga toparme con este lugar. Alrededor de la plazoleta hay todos negocios, todos con sus luminarias encendidas, y están abiertos al público. Desde donde yo miro (como si estuviera en una esquina justo enfrente de la plazoleta), en el negocio que tengo más a la vista puedo ver que en la vidriera hay ropa - es como una tienda sencilla- y está sentada la vendedora en un banquito, ahi mismo en la vidriera. Cuando la vendedora me ve que la estoy viendo se enoja muchísimo, y veo que me habla aunque no puedo escuchar lo que dice, y entonces caigo en la cuenta de que yo misma estoy detrás de un vidrio, como si estuviera mirando todo esto desde otra vidriera, pero en mi caso es mucho más que eso, estoy mirando desde "otro mundo", como si ese lugar estuviera fuera de los límites conocidos de la ciudad, inalcanzable para la mayoría. No obstante, la vendedora parece saber exactamente desde dónde la miro, lo que me hace pensar que no soy la primera en encontrarlos, y que por alguna razón, eso no les gusta.
lunes, 11 de octubre de 2010
10.10.11: sueño con Gabriela y la muñeca de trapo
Estoy en un tren. Es un tren muy parecido a los del FFCC Sarmiento, está en el mismo estado, los baños hediondos, muchos coches con poca o ninguna luz, pero es inmenso, larguísimo. El tren está aún detenido en la estación, que parece ser la de Once. En el andén puedo ver a algunos conocidos, está Mollo con Patricio y Marina y algunos más que no percibo individualmente pero sé que son parte del grupo. Arriba del tren hay otros, sé que están Zippo, Pablo, algunos más. Recorro un pasillo que está bastante oscuro, y me cruzo con una mujer. Es Gabriela. Al principio me cuesta reconocerla porque ahora lleva el pelo cortito (se parece notablemente a Cabezón Cámara). Siento una gran alegría al encontrarla, pero ella me ignora ostensiblemente. Me paro frente a ella e intenta esquivarme, yo la freno y le hablo con lo que estimo como "mucha dignidad" (aunque suena definitivamente pomposo), le digo algo como esto: "Un momentito, Gabriela, ya que tengo esta oportunidad no la quiero desperdiciar. Imagino que creés tener razones para tratarme con tanto desprecio, pero quiero creer que una persona como vos que defiende tantas causas nobles también tendrá una explicación para esto." Ella va a hablar pero entonces se queda como cortada, como si no supiera bien qué decir. Lo piensa un momento y luego me dice: "no te hagas la boluda, ya me contaron que vos rompiste mi muñeca negra." Esto me deja estupefacta y en un principio no sé a qué se refiere, entonces empiezo a recordar, con esfuerzo, que en alguna reunión en su casa alguien me dio una muñeca de trapo toda descosida. Recuerdo haberla tenido en mis manos, recuerdo haberla cuidado para que no se perdiera, pero no recuerdo más que eso y me siento muy angustiada por no poder explicar qué pasó luego con la muñeca negra, y todo lo que sé es que cuando me la dieron ya estaba rota. Intento explicárselo, pero la pena y la impotencia me quiebran la voz. Gabriela parece a la vez furiosa y avergonzada, resulta claro que ella tampoco está muy segura acerca de qué me estaba acusando pero que insiste en sostener la actitud, y esto de alguna manera me permite a mí soltarme. Me digo a mí misma que si esa es la manera en que Gab actúa, entonces qué sentido tiene insistir en la amistad. Pienso en alertarla, pero en cambio le sonrío y la dejo seguir su camino, siento una gran paz interior.
Me despierto con una sensación de resaca y tristeza.
Me despierto con una sensación de resaca y tristeza.
10.09.21: Equinoccio
Estoy en otro lugar, se parece un poco a Capilla del Monte. Hay más gente, mucha, como si hubiera algún tipo de festival. Conozco a algunos pocos, entre ellos Javi. Estamos en la cima de una especie de meseta, una montaña petisa y roma, y arriba se están juntando nubes, pero a una velocidad inusual. Como si estuviéramos justo debajo de un centro de baja presión. La imagen es muy fotográfica, veo cómo se van arremolinando las nubes y se forma una espesa niebla en movimiento. Hay algo tan raro y poco natural en eso, es demasiado rápido, como forzado. Se lo digo a Javier, le digo que estemos atento a eso, que es artificial, algo raro. Procuro no mirar directamente sino con el rabillo del ojo y alcanzo a ver que, atrás de las nubes, o mezclado entre ellas, se está armando un remolino gigante, poderoso, eléctrico. No hay viento, nada de viento. Pienso que está obteniendo energía directamente de la tierra y de los que estamos allí. Me alarma, aunque no me siento amenazada. Pienso que tengo que alertar a Manuel, y lo busco entre la gente aunque ahora parece que estamos en Once, incluso veo la estación de trenes y la plaza. La situación onírica gana en tensión, las caras crispadas, el aire eléctrico, y el enorme remolino que no se percibe a simple vista. Y eso es todo
lunes, 6 de septiembre de 2010
10.09.06: Vendedor psicópata, violencia
El recuerdo global del sueño es confuso. Es como si en el sueño estuviéramos, los que participan y yo, actuando algún tipo de rol que no nos alcanza a importar demasiado..
Ocurre en otra ciudad (Capilla?), donde estaré poco tiempo. Hay más gente, a la que apenas conozco pero con quienes parece que tengo algún amigo en común, es decir es gente con la que tengo alguna relación superficial pero entre quienes estoy cómoda. Llega un vendedor de planes de larga distancia de telefonía, tiene un uniforme negro que en el sueño asocio con un correo privado. Este vendedor se dirige a mí, saca unas planillas en las que me muestra lo que se gasta usualmente de teléfono y los beneficios que obtendría en caso de comprar su plan. No le explico, no sé por qué, que yo no vivo allí ni tengo teléfono. De todas formas él parece estar al tanto de esto y no parece importarle, es como que la venta en sí es excusa para otra cosa. Mientras me explica estas cosas lo veo dirigir miradas rápidas hacia otra gente que está a mi alrededor. Pasa un niño de unos 12 años, negro. Y otro muchacho de unos 25. El vendedor los mira especialmente mientras me va hablando, y yo lo escucho pero lo vigilo, no confío en él.
No recuerdo bien qué sucede a continuación, si es que sucede algo. Lo siguiente en el sueño es que es la tarde (no sé qué horas del día serían antes, pero ahora lo relevante es que es la tarde), yo percibo el peligro, sé que algo grave está pasando. Tomando muy fuerte a Fran de la mano voy hasta la plaza (muy parecida a la plaza España de Chivilcoy) y me acerco a la parte más oscura. Detrás del banco semicircular, veo esta escena: En el sueño, el chico negro, tirado en el piso, molido a golpes, de hecho creo que está muerto, el color de la piel es gris y violeta por los golpes, veo a un niño (sé que el vendedor lo obligó a hacer esto) golpeándolo con una piedra en el rostro. El otro muchacho, el de 25 años, está siendo atacado también a golpes de porra por el vendedor. El se defiende como puede pero lleva gran desventaja. Con gran angustia aferro fuerte a Fran y me retiro lo suficiente como para que el vendedor no me vea, y aviso por celular a la esposa del muchacho (que está embarazada) para que consiga ayuda. Enseguida y con alivio veo venir un camión de esos grandes y potentes, quien lo maneja es Agustín (un antiguo compañero mío de trabajo). Aunque no lo veo, sé que apresan al vendedor psicópata y rescatan al muchacho. La señora embarazada llora con alivio.
Ocurre en otra ciudad (Capilla?), donde estaré poco tiempo. Hay más gente, a la que apenas conozco pero con quienes parece que tengo algún amigo en común, es decir es gente con la que tengo alguna relación superficial pero entre quienes estoy cómoda. Llega un vendedor de planes de larga distancia de telefonía, tiene un uniforme negro que en el sueño asocio con un correo privado. Este vendedor se dirige a mí, saca unas planillas en las que me muestra lo que se gasta usualmente de teléfono y los beneficios que obtendría en caso de comprar su plan. No le explico, no sé por qué, que yo no vivo allí ni tengo teléfono. De todas formas él parece estar al tanto de esto y no parece importarle, es como que la venta en sí es excusa para otra cosa. Mientras me explica estas cosas lo veo dirigir miradas rápidas hacia otra gente que está a mi alrededor. Pasa un niño de unos 12 años, negro. Y otro muchacho de unos 25. El vendedor los mira especialmente mientras me va hablando, y yo lo escucho pero lo vigilo, no confío en él.
No recuerdo bien qué sucede a continuación, si es que sucede algo. Lo siguiente en el sueño es que es la tarde (no sé qué horas del día serían antes, pero ahora lo relevante es que es la tarde), yo percibo el peligro, sé que algo grave está pasando. Tomando muy fuerte a Fran de la mano voy hasta la plaza (muy parecida a la plaza España de Chivilcoy) y me acerco a la parte más oscura. Detrás del banco semicircular, veo esta escena: En el sueño, el chico negro, tirado en el piso, molido a golpes, de hecho creo que está muerto, el color de la piel es gris y violeta por los golpes, veo a un niño (sé que el vendedor lo obligó a hacer esto) golpeándolo con una piedra en el rostro. El otro muchacho, el de 25 años, está siendo atacado también a golpes de porra por el vendedor. El se defiende como puede pero lleva gran desventaja. Con gran angustia aferro fuerte a Fran y me retiro lo suficiente como para que el vendedor no me vea, y aviso por celular a la esposa del muchacho (que está embarazada) para que consiga ayuda. Enseguida y con alivio veo venir un camión de esos grandes y potentes, quien lo maneja es Agustín (un antiguo compañero mío de trabajo). Aunque no lo veo, sé que apresan al vendedor psicópata y rescatan al muchacho. La señora embarazada llora con alivio.
jueves, 19 de agosto de 2010
10.08.19: Sueño con Manu
En el sueño es verano y el cuarto del entrepiso es como era hace 10 años - sólo está el ropero y la cama grande-. Es la tarde y estoy sola y estoy tirada en la cama, con los ojos cerrados y en estado de duermevela. Y dirijo mis pensamientos a Manuel, que sé que ha muerto. Sé que mis pensamientos le llegan y le hablo mentalmente. Le digo que sé que ha muerto lejos y que estoy tratando de hacerle de faro para que encuentre el camino hacia su hogar. Le digo también que si quiere aparecerse no dude en hacerlo porque yo no me asustaré. Y me sorprendo de saber que es cierto todo, tanto que puede aparecerse como que eso no me provocaría ninguna sorpresa ni sobresalto. Mientras pienso/hablo puedo sentir que Manu, una imagen de Manu o una especie de presencia suya está en la habitación, parado al lado de la cama. Con los ojos cerrados y si mantengo ese estado de duermevela puedo percibir o formar una imagen "visual" de él. Su atuendo es raro, o no logro visualizarlo con precisión, y parece estar con el traje de monje y simultáneamente con el look zaparrastroso-caro que a veces le gustaba cultivar. Me da una gran alegría que haya funcionado esto del faro, a la vez me da una tristeza enorme saber que se ha muerto, y me enojo. Al parecer conozco la causa de su muerte, sé que ha sido algo provocado accidentalmente por él.
- Si serás pelotudo, le digo.
Y él sonríe con una expresión que leo como "lo soy, pero qué sentido tiene criticarme ahora"
Le pregunto o me pregunto si puedo tocarlo, y entonces siento en la mano un cosquilleo eléctrico suave, y sé que ha estirado su mano para tocar la mía. Y la tristeza es tremenda.
- Si serás pelotudo, le digo.
Y él sonríe con una expresión que leo como "lo soy, pero qué sentido tiene criticarme ahora"
Le pregunto o me pregunto si puedo tocarlo, y entonces siento en la mano un cosquilleo eléctrico suave, y sé que ha estirado su mano para tocar la mía. Y la tristeza es tremenda.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)