Estoy en un tren. Es un tren muy parecido a los del FFCC Sarmiento, está en el mismo estado, los baños hediondos, muchos coches con poca o ninguna luz, pero es inmenso, larguísimo. El tren está aún detenido en la estación, que parece ser la de Once. En el andén puedo ver a algunos conocidos, está Mollo con Patricio y Marina y algunos más que no percibo individualmente pero sé que son parte del grupo. Arriba del tren hay otros, sé que están Zippo, Pablo, algunos más. Recorro un pasillo que está bastante oscuro, y me cruzo con una mujer. Es Gabriela. Al principio me cuesta reconocerla porque ahora lleva el pelo cortito (se parece notablemente a Cabezón Cámara). Siento una gran alegría al encontrarla, pero ella me ignora ostensiblemente. Me paro frente a ella e intenta esquivarme, yo la freno y le hablo con lo que estimo como "mucha dignidad" (aunque suena definitivamente pomposo), le digo algo como esto: "Un momentito, Gabriela, ya que tengo esta oportunidad no la quiero desperdiciar. Imagino que creés tener razones para tratarme con tanto desprecio, pero quiero creer que una persona como vos que defiende tantas causas nobles también tendrá una explicación para esto." Ella va a hablar pero entonces se queda como cortada, como si no supiera bien qué decir. Lo piensa un momento y luego me dice: "no te hagas la boluda, ya me contaron que vos rompiste mi muñeca negra." Esto me deja estupefacta y en un principio no sé a qué se refiere, entonces empiezo a recordar, con esfuerzo, que en alguna reunión en su casa alguien me dio una muñeca de trapo toda descosida. Recuerdo haberla tenido en mis manos, recuerdo haberla cuidado para que no se perdiera, pero no recuerdo más que eso y me siento muy angustiada por no poder explicar qué pasó luego con la muñeca negra, y todo lo que sé es que cuando me la dieron ya estaba rota. Intento explicárselo, pero la pena y la impotencia me quiebran la voz. Gabriela parece a la vez furiosa y avergonzada, resulta claro que ella tampoco está muy segura acerca de qué me estaba acusando pero que insiste en sostener la actitud, y esto de alguna manera me permite a mí soltarme. Me digo a mí misma que si esa es la manera en que Gab actúa, entonces qué sentido tiene insistir en la amistad. Pienso en alertarla, pero en cambio le sonrío y la dejo seguir su camino, siento una gran paz interior.
Me despierto con una sensación de resaca y tristeza.
lunes, 11 de octubre de 2010
10.09.21: Equinoccio
Estoy en otro lugar, se parece un poco a Capilla del Monte. Hay más gente, mucha, como si hubiera algún tipo de festival. Conozco a algunos pocos, entre ellos Javi. Estamos en la cima de una especie de meseta, una montaña petisa y roma, y arriba se están juntando nubes, pero a una velocidad inusual. Como si estuviéramos justo debajo de un centro de baja presión. La imagen es muy fotográfica, veo cómo se van arremolinando las nubes y se forma una espesa niebla en movimiento. Hay algo tan raro y poco natural en eso, es demasiado rápido, como forzado. Se lo digo a Javier, le digo que estemos atento a eso, que es artificial, algo raro. Procuro no mirar directamente sino con el rabillo del ojo y alcanzo a ver que, atrás de las nubes, o mezclado entre ellas, se está armando un remolino gigante, poderoso, eléctrico. No hay viento, nada de viento. Pienso que está obteniendo energía directamente de la tierra y de los que estamos allí. Me alarma, aunque no me siento amenazada. Pienso que tengo que alertar a Manuel, y lo busco entre la gente aunque ahora parece que estamos en Once, incluso veo la estación de trenes y la plaza. La situación onírica gana en tensión, las caras crispadas, el aire eléctrico, y el enorme remolino que no se percibe a simple vista. Y eso es todo
lunes, 6 de septiembre de 2010
10.09.06: Vendedor psicópata, violencia
El recuerdo global del sueño es confuso. Es como si en el sueño estuviéramos, los que participan y yo, actuando algún tipo de rol que no nos alcanza a importar demasiado..
Ocurre en otra ciudad (Capilla?), donde estaré poco tiempo. Hay más gente, a la que apenas conozco pero con quienes parece que tengo algún amigo en común, es decir es gente con la que tengo alguna relación superficial pero entre quienes estoy cómoda. Llega un vendedor de planes de larga distancia de telefonía, tiene un uniforme negro que en el sueño asocio con un correo privado. Este vendedor se dirige a mí, saca unas planillas en las que me muestra lo que se gasta usualmente de teléfono y los beneficios que obtendría en caso de comprar su plan. No le explico, no sé por qué, que yo no vivo allí ni tengo teléfono. De todas formas él parece estar al tanto de esto y no parece importarle, es como que la venta en sí es excusa para otra cosa. Mientras me explica estas cosas lo veo dirigir miradas rápidas hacia otra gente que está a mi alrededor. Pasa un niño de unos 12 años, negro. Y otro muchacho de unos 25. El vendedor los mira especialmente mientras me va hablando, y yo lo escucho pero lo vigilo, no confío en él.
No recuerdo bien qué sucede a continuación, si es que sucede algo. Lo siguiente en el sueño es que es la tarde (no sé qué horas del día serían antes, pero ahora lo relevante es que es la tarde), yo percibo el peligro, sé que algo grave está pasando. Tomando muy fuerte a Fran de la mano voy hasta la plaza (muy parecida a la plaza España de Chivilcoy) y me acerco a la parte más oscura. Detrás del banco semicircular, veo esta escena: En el sueño, el chico negro, tirado en el piso, molido a golpes, de hecho creo que está muerto, el color de la piel es gris y violeta por los golpes, veo a un niño (sé que el vendedor lo obligó a hacer esto) golpeándolo con una piedra en el rostro. El otro muchacho, el de 25 años, está siendo atacado también a golpes de porra por el vendedor. El se defiende como puede pero lleva gran desventaja. Con gran angustia aferro fuerte a Fran y me retiro lo suficiente como para que el vendedor no me vea, y aviso por celular a la esposa del muchacho (que está embarazada) para que consiga ayuda. Enseguida y con alivio veo venir un camión de esos grandes y potentes, quien lo maneja es Agustín (un antiguo compañero mío de trabajo). Aunque no lo veo, sé que apresan al vendedor psicópata y rescatan al muchacho. La señora embarazada llora con alivio.
Ocurre en otra ciudad (Capilla?), donde estaré poco tiempo. Hay más gente, a la que apenas conozco pero con quienes parece que tengo algún amigo en común, es decir es gente con la que tengo alguna relación superficial pero entre quienes estoy cómoda. Llega un vendedor de planes de larga distancia de telefonía, tiene un uniforme negro que en el sueño asocio con un correo privado. Este vendedor se dirige a mí, saca unas planillas en las que me muestra lo que se gasta usualmente de teléfono y los beneficios que obtendría en caso de comprar su plan. No le explico, no sé por qué, que yo no vivo allí ni tengo teléfono. De todas formas él parece estar al tanto de esto y no parece importarle, es como que la venta en sí es excusa para otra cosa. Mientras me explica estas cosas lo veo dirigir miradas rápidas hacia otra gente que está a mi alrededor. Pasa un niño de unos 12 años, negro. Y otro muchacho de unos 25. El vendedor los mira especialmente mientras me va hablando, y yo lo escucho pero lo vigilo, no confío en él.
No recuerdo bien qué sucede a continuación, si es que sucede algo. Lo siguiente en el sueño es que es la tarde (no sé qué horas del día serían antes, pero ahora lo relevante es que es la tarde), yo percibo el peligro, sé que algo grave está pasando. Tomando muy fuerte a Fran de la mano voy hasta la plaza (muy parecida a la plaza España de Chivilcoy) y me acerco a la parte más oscura. Detrás del banco semicircular, veo esta escena: En el sueño, el chico negro, tirado en el piso, molido a golpes, de hecho creo que está muerto, el color de la piel es gris y violeta por los golpes, veo a un niño (sé que el vendedor lo obligó a hacer esto) golpeándolo con una piedra en el rostro. El otro muchacho, el de 25 años, está siendo atacado también a golpes de porra por el vendedor. El se defiende como puede pero lleva gran desventaja. Con gran angustia aferro fuerte a Fran y me retiro lo suficiente como para que el vendedor no me vea, y aviso por celular a la esposa del muchacho (que está embarazada) para que consiga ayuda. Enseguida y con alivio veo venir un camión de esos grandes y potentes, quien lo maneja es Agustín (un antiguo compañero mío de trabajo). Aunque no lo veo, sé que apresan al vendedor psicópata y rescatan al muchacho. La señora embarazada llora con alivio.
jueves, 19 de agosto de 2010
10.08.19: Sueño con Manu
En el sueño es verano y el cuarto del entrepiso es como era hace 10 años - sólo está el ropero y la cama grande-. Es la tarde y estoy sola y estoy tirada en la cama, con los ojos cerrados y en estado de duermevela. Y dirijo mis pensamientos a Manuel, que sé que ha muerto. Sé que mis pensamientos le llegan y le hablo mentalmente. Le digo que sé que ha muerto lejos y que estoy tratando de hacerle de faro para que encuentre el camino hacia su hogar. Le digo también que si quiere aparecerse no dude en hacerlo porque yo no me asustaré. Y me sorprendo de saber que es cierto todo, tanto que puede aparecerse como que eso no me provocaría ninguna sorpresa ni sobresalto. Mientras pienso/hablo puedo sentir que Manu, una imagen de Manu o una especie de presencia suya está en la habitación, parado al lado de la cama. Con los ojos cerrados y si mantengo ese estado de duermevela puedo percibir o formar una imagen "visual" de él. Su atuendo es raro, o no logro visualizarlo con precisión, y parece estar con el traje de monje y simultáneamente con el look zaparrastroso-caro que a veces le gustaba cultivar. Me da una gran alegría que haya funcionado esto del faro, a la vez me da una tristeza enorme saber que se ha muerto, y me enojo. Al parecer conozco la causa de su muerte, sé que ha sido algo provocado accidentalmente por él.
- Si serás pelotudo, le digo.
Y él sonríe con una expresión que leo como "lo soy, pero qué sentido tiene criticarme ahora"
Le pregunto o me pregunto si puedo tocarlo, y entonces siento en la mano un cosquilleo eléctrico suave, y sé que ha estirado su mano para tocar la mía. Y la tristeza es tremenda.
- Si serás pelotudo, le digo.
Y él sonríe con una expresión que leo como "lo soy, pero qué sentido tiene criticarme ahora"
Le pregunto o me pregunto si puedo tocarlo, y entonces siento en la mano un cosquilleo eléctrico suave, y sé que ha estirado su mano para tocar la mía. Y la tristeza es tremenda.
miércoles, 18 de agosto de 2010
10.08.18: Dos sueños con abuela Porota
Creo que sucedieron en la misma noche, o fue un sueño dentro de otro, o recordé el primero al soñar el segundo. En todo caso, me quedó la sensación de que fueron dos. Del primero recuerdo poco, salvo que aparecía esta abuela, muerta ya hace once años, y yo dudaba, no recordaba bien, en el sueño, si había muerto o no.
En el segundo sueño (cada vez estoy más segura de que fue todo un único sueño), era de noche y yo acababa de llegar (no sé cómo, sospecho un tren) a alguna parte que sentía como Chivilcoy, pero cuyo paisaje era el de Salamanca. Estaba en el puente romano y el puente era parte de una propiedad que de alguna forma era mía o de mi familia, es decir estaba allí en el puente y a la vez estaba en casa, la casa de mi madre, pero en mi sueño yo aún estaba lo suficientemente ligada a mi familia como para considerar a ésa mi casa. Estaba sola, de noche, sobre el puente, y sé que cerca de allí andaba mi familia, aunque no veía a nadie. Y entonces veo venir a mi abuela. Yo sabía que había muerto pero no me resultaba nada extraordinario que apareciera allí, era como ver a alguien que inició un viaje hace mucho tiempo y su regreso es inesperado pero posible. Sentía una alegría enorme de encontrarla. En el sueño ella se veía como ni siquiera la recuerdo en vida, con una juventud que naturalmente no le conocí más que en fotos, pero era inequívocamente mi abuela. Se veía sana, fuerte, feliz, y apenas si rengueaba ligeramente (como yo ahora). Yo, que en el sueño era como soy ahora, me acercaba a ella haciendo esfuerzos para no renguear, y la abrazaba con un abrazo de mujer a mujer, no de nieta a abuela, reconociendo a una amiga, a un par. En el momento en que me acercaba sentía el habitual dolor en la pierna y pensaba que mi abuela había vivido cuarenta años con ese mismo dolor, y esto era otra cosa que también me hermanaba a ella. Quería que conociera a Francisco pero Francisco no estaba por ninguna parte, y mientras la abrazaba buscaba de avisar a mi familia que la abuela había regresado, pero no lograba ver a nadie en la oscuridad circundante (sólo había luz en el puente). Y me sentía tan feliz, tan amparada abrazando a esa mujer sencilla cuyo amor ligero e incondicional era tan palpable como el que me tuvo en vida.
Ya despierta recordé los dichos de Castaneda acerca de los inorgánicos, y me acordé de cuando practicaba y podía (o creía, en el sueño) detectarlos y evitarlos.
También pensé en el amor que me tuvo alguna gente, como mi abuela, como mi tío Coli, cuya muerte reciente aún tiene tanto de irrealidad. Esa gente que jamás me juzgó ni esperaba de mí que fuera mejor o distinta de lo que era. Gente cuyo amor nunca fue una carga ni algo de que alimentarse, si no puro amparo y descanso.
En el segundo sueño (cada vez estoy más segura de que fue todo un único sueño), era de noche y yo acababa de llegar (no sé cómo, sospecho un tren) a alguna parte que sentía como Chivilcoy, pero cuyo paisaje era el de Salamanca. Estaba en el puente romano y el puente era parte de una propiedad que de alguna forma era mía o de mi familia, es decir estaba allí en el puente y a la vez estaba en casa, la casa de mi madre, pero en mi sueño yo aún estaba lo suficientemente ligada a mi familia como para considerar a ésa mi casa. Estaba sola, de noche, sobre el puente, y sé que cerca de allí andaba mi familia, aunque no veía a nadie. Y entonces veo venir a mi abuela. Yo sabía que había muerto pero no me resultaba nada extraordinario que apareciera allí, era como ver a alguien que inició un viaje hace mucho tiempo y su regreso es inesperado pero posible. Sentía una alegría enorme de encontrarla. En el sueño ella se veía como ni siquiera la recuerdo en vida, con una juventud que naturalmente no le conocí más que en fotos, pero era inequívocamente mi abuela. Se veía sana, fuerte, feliz, y apenas si rengueaba ligeramente (como yo ahora). Yo, que en el sueño era como soy ahora, me acercaba a ella haciendo esfuerzos para no renguear, y la abrazaba con un abrazo de mujer a mujer, no de nieta a abuela, reconociendo a una amiga, a un par. En el momento en que me acercaba sentía el habitual dolor en la pierna y pensaba que mi abuela había vivido cuarenta años con ese mismo dolor, y esto era otra cosa que también me hermanaba a ella. Quería que conociera a Francisco pero Francisco no estaba por ninguna parte, y mientras la abrazaba buscaba de avisar a mi familia que la abuela había regresado, pero no lograba ver a nadie en la oscuridad circundante (sólo había luz en el puente). Y me sentía tan feliz, tan amparada abrazando a esa mujer sencilla cuyo amor ligero e incondicional era tan palpable como el que me tuvo en vida.
Ya despierta recordé los dichos de Castaneda acerca de los inorgánicos, y me acordé de cuando practicaba y podía (o creía, en el sueño) detectarlos y evitarlos.
También pensé en el amor que me tuvo alguna gente, como mi abuela, como mi tío Coli, cuya muerte reciente aún tiene tanto de irrealidad. Esa gente que jamás me juzgó ni esperaba de mí que fuera mejor o distinta de lo que era. Gente cuyo amor nunca fue una carga ni algo de que alimentarse, si no puro amparo y descanso.
miércoles, 30 de junio de 2010
10.06.30: Sueño de la casa de piedra mar del plata
En el sueño camino llevando a Fran a la escuela. Son sus primeros días en 1er grado y estamos viviendo en otra ciudad. La calle por donde lo llevo es peatonal, caminamos de la mano. Siento la misma mezcla de afecto y ansiedad que cuando lo llevo en la vigilia, esa sensación de ir cuidándolo.Curiosamente, lo llevo tomándolo con mi mano derecha (en la vigilia siempre lo llevo con la mano izquierda). Llegamos hasta una casa muy grande, que tiene la fachada revestida en piedra mar del plata (en la vigilia siempre me atrajeron mucho estas fachadas). No es la escuela, es sólo la casa de una señora. Hace calor, y la casa tiene una entrada de autos que me resulta muy acogedora, muy fresca. Hay niños allí y a Fran lo atrae esto. Sé, no sé cómo, que en la casa vive una señora de edad, viuda, a la que le gustan mucho los niños. Sé que también hay una empleada, también ya de cierta edad. Todo, el frescor de la entrada, el saber de la viuda y su empleada, los niños jugando en la entrada de autos, resulta muy acogedor, muy sin peligro. Fran se suelta de mi mano y va a jugar con los niños, lo dejo ir. Sé que luego un transporte escolar los llevará desde ahí mismo a la escuela. De alguna manera descanso en esto, me desligo del tema. La casa queda vacía, salvo la empleada que anda por ahí y a quien no parece importarle en absoluto mi presencia. Paseo por la casa, que tiene muchos ambientes y me gusta mucho. Miro la casa desde otra perspectiva y me doy cuenta de cuán grande es, cómo se estira en una sola planta hasta casi mitad de cuadra. Me quedo en la cocina. Es casi de noche y llega Javi. Le muestro la casa, entusiasmada, sé que no es mi casa pero al parecer estoy eligiendo estar allí, o también estoy esperando a Fran, no estoy segura. Javi me da un abrazo muy cálido, como es costumbre entre nosotros, pero el abrazo se transforma en apasionado. En el sueño tenemos la misma exacta altura, veo sus ojos a la altura de los míos y nos estamos mirando con un conocimiento y cariño de años, ninguna vergüenza ni sorpresa. Y lo separo de mí, porque en ese conocimiento está todo lo que es Javi y todo lo que soy yo. No hay rechazo, dolor ni resentimiento en la acción de separarlo de mí. Tampoco la sensación de "agradecimiento" que suelo experimentar hacia los hombres que me encuentran atractiva, de alguna manera sé que no es una cuestión de atracción. Es el mismo cariño y la misma amistad de siempre, la acción es más bien la constatación de que deseo conservar las cosas así, y también él. Llega la dueña de casa y por un momento me siento avergonzada de haber estado jugando a ser la dueña de casa, pero a la señora no parece importarle, está como muy atareada y creo que menciona algo de estar de paso, como si viniera de un viaje o tuviera que irse.
lunes, 28 de junio de 2010
10.06.28: Sueño con Manu
En el sueño Manuel está en Capital y yo en Chivilcoy. Manuel ha ido a Capital -no sé desde dónde- y es su primer día en la Facultad (va a estudiar Medicina). Y yo siento que lo extraño tanto, es una sensación muy fuerte de desear estar con él en persona, y entonces viajo a Capital sólo para verlo. Voy hasta la facultad, que aunque es el Pabellón I de Cs Exactas, está en Recoleta. Voy y me quedo un rato en el Hall Central y repentinamente me siento rara o incómoda, me pregunto qué le diré o cómo voy a justificar que llegué hasta ahí, pero me deshago inmediatamente de la incomodidad diciéndome que cuándo necesité excusas para ver a Manuel. El está en clase, la clase termina y lo veo salir. Está como hace ocho años atrás, lleva el pelo corto, bigote y barba, y el aspecto desprolijo que solía cultivar. Se sorprende apenas de verme ahí, sonríe, y salimos caminando juntos. Es la tarde y me pregunta dónde haremos noche. Ahi me doy cuenta de que él contaba conque yo fuera y tuviera o consiguiera un lugar donde quedarnos. Le digo que no tengo la menor idea y que además sólo tengo $15. No le importa y a mí tampoco. Vamos caminando hasta la costa, y resulta que hay, sobre el río, un montón de barquichuelos, y de cada uno salen unas armazones con telas de una delicadeza extrema, que forman dibujos bellísimos. Son enormes, los alambres de las armazones están forrados en dorado y las telas son translúcidas, color crema, parece un trabajo oriental. En las barcas, que son más bien pequeñas, hay mucha gente. Nos dicen que se trata de una muestra de la República Oriental del Uruguay. Los uruguayos que están sobre las barcas son muy amables y procuran conseguirnos algo para dormir. Alguien -no sé quién- se ha unido a nosotros, una chica. Al rato veo que Manuel está acostado, ahí cerca del río, en una camita que alguien de las barcas le ha conseguido. La chica y yo estamos sentadas también junto al río pero a unos diez metros de Manuel. Hace frío. Yo agarro la mochila de Manuel y procuro acomodarme sobre ella. De la barca me prestan una especie de colcha. Manuel me llama por el celular y me dice que por qué no compartimos la cama. Yo pienso que no vamos a entrar y que voy a dormir incómoda, pero igual voy. Nos acomodamos de lado, Manuel de pronto es inusitadamente pequeño, siento una gran ternura por él, una ternura con mezcla de pena, y lo sostengo abrazado para que no tenga frío ni miedo.
Me despierto y Fran se ha pasado a mi cama, y lo estoy sosteniendo igual que sostenía a Manuel en el sueño. Siento una añoranza repentina por Manuel. que casi me hace llorar de nostalgia.
Me despierto y Fran se ha pasado a mi cama, y lo estoy sosteniendo igual que sostenía a Manuel en el sueño. Siento una añoranza repentina por Manuel. que casi me hace llorar de nostalgia.
sábado, 5 de junio de 2010
10.06.05: Otro sueño de Fran con mariposas
Fran se despierta contento y me dice que "hizo" un sueño bonito. Que estábamos, él y yo, en su casa, y que íbamos a un parque en Chivilcoy, con Candela. Y había mariposas, y Candela deseaba que alguna se parase sobre su dedo. Y que él me traía orugas a casa, y allí yo las guardaba en sus capullos y luego se volvían mariposas. Y que en el patio había una mariposa negra grande y bonita.
martes, 18 de mayo de 2010
10.05.17: Sueño de Fran con las mariposas
Se despierta con un alarido, contorsionándose, no puede todavía deshacerse del sueño. Se aprieta la mano, me la muestra, grita. Me cuenta que había una mariposas, muchas mariposas, "cominenis" (esto en relación con una historieta que leyó hace un tiempo acerca de una plantita "komigati", que era una planta carnívora que devoraba gatos). Y que habían empezado a comerlo. En el sueño él estaba en la casa de la abuela, pero era un poco parecida a la del tío, y que estaban él, la abuela, las primas, y había muchos cajones, y él abria uno y estaba lleno de mariposas, grandes mariposas que querían comérselo.
(Posiblemente relacionado con el hecho de que el día anterior había fallecido el abuelo de las primas y me escuchó hablar por teléfono con mi hermano, sé que hablamos algo acerca del velatorio a cajón cerrado).
(Posiblemente relacionado con el hecho de que el día anterior había fallecido el abuelo de las primas y me escuchó hablar por teléfono con mi hermano, sé que hablamos algo acerca del velatorio a cajón cerrado).
domingo, 2 de mayo de 2010
10.05.02: Sueño de los cuatro "candidatos"
Es una reunión de mucha gente en una casa-hotel en Córdoba (por su distribución, es muy parecida al hotel Villa Julia), en razón de que habrá un casamiento. Todos los invitados nos alojaremos esa noche allí, pues el casamiento es a la mañana del día siguiente. Ahora es el atardecer y acabamos de llegar, todos nosotros. La pareja que se casa es amiga de todos, tanto el novio como la novia, y todos nos conocemos entre nosotros. Las caras de los del sueño no se corresponden con las caras reales de sus supuestos dueños, ni tampoco sus nombres, no obstante una vez despierta soy capaz de identificarlos perfectamente con sus correspondientes de la vida real. K., la dueña de casa -amiga también de todos- me indica cuál será mi habitación, pero dando a entender que puedo elegir cualquiera de las otras, de todas maneras. Me encuentro en uno de los pasillos con uno de los invitados, al que en el sueño llamo Dino. Dino me dice que hace tiempo quiere contarme qué le pasa conmigo, y si esa noche puede venir a mi habitación. Esto es por completo inesperado. Dino me agrada mucho, sobre todo me agrada que sé que es una buena persona, y pienso que será un buen compañero. Le digo que OK, que a la noche venga a mi habitación (a la que todavía no llegué). Mientras camino por el laberinto de pasillos, encuentro una habitación, chiquitita, que me gusta mucho (pero que no es la que me habían asignado). Tiene el inconveniente de que no tiene puerta, si no una gran arcada, pero de todas maneras me gusta y decido que le diré a la dueña que quiero dormir ahi. Me encuentro con K. más adelante, y cuando le digo mi elección, ella me mira con expresión pícara y me dice "no sé si te conviene un lugar tan expuesto". Creo que de alguna manera sabe lo de Dino, pero en cambio me sorprende diciéndome que "Carlos" anda buscándome. En un primer momento no logro recordar quién es Carlos, así que mi amiga me trae a la memoria cierta otra reunión a la que Carlos asistió. Entonces recuerdo quién es, y recuerdo que me pareció atractivo pero como no me interesan los hombres casados, no lo consideré entonces, ni lo consideraré ahora. Le cuento a mi amiga acerca de Dino, se sorprende y se ríe, dice que Dino es un buen tipo, que qué suerte. Se acerca la hora de la cena y decido salir a comprarme ropa adecuada para el casamiento del día siguiente, pues como de costumbre, no pensé antes en ello y no traje nada. Además parece que van a representar una obra de teatro, por la noche, ahi mismo en la casa-hotel. Busco a Fran, que está por ahi, y me lo llevo a la calle, es una calle como esas callecitas céntricas de los pueblos de la playa, adonde se amontonan todos los turistas. Estamos paseando y haciendo compras, compro una chalina o un collar rojo, muy vistoso, y entonces me encuentro con un grupito de personas, que están de gran algarabía. Son los actores que participarán esa noche de la obra. Me siento inmediatamente atraída por uno de ellos, un hombre rubio, de unos 50 años, no muy alto, que tiene una sonrisa espectacular. El también se siente atraído por mí, conversamos, sé que es viudo o divorciado, y cuando se entera de que esta noche estaré alojada en el hotel, me dice que quiere pasar esa noche conmigo. Sé que no se está refiriendo a tener sexo si no a que estemos juntos. Me gusta muchísimo este hombre, siento que deseo "casarme" con él. Pienso, con cierta pena, en que debo rechazar a Dino y a Carlos (no pena por mí, si no por tener que desalentarlos), pero me siento feliz, tranquila, como que he encontrado al "hombre de mi vida". Paso frente a un espejo y me miro, y me pregunto por qué de pronto resulto atractiva para tantos hombres. En el espejo me veo tal como soy, no hay nada mejorado, nada nuevo, incluso llevo las mismas zapatillas desteñidas que en la realidad siempre me avergüenza usar pero como no tengo otras y están en buen estado no quiero dejar de usarlas. De pronto recuerdo que tengo que comprar 15kgs de algo (supongo que los 15kgs son los kilos que le recomendaron adelgazar, en la vida real) y pienso que es una carga muy pesada, me lamento de no haber llevado mi vieja mochila para cargarlos, y me digo que haré esa compra otro día (lo de siempre). En algún momento vuelvo a estar en el hotel, y me encuentro con R., otra de mis amigas. R. me mira con odio, con un odio feroz. No entiendo por qué y ella procura esquivarme, pero la arrincono y le pregunto. Y me dice que yo estoy tratando de quitarle a Adrian. En un primer momento me aterrorizo pensando si Adrian es el hombre que acabo de conocer, el actor, pero entonces recuerdo que no, que Adrian es el amante de R., y con quien no tengo el menor contacto, ni jamás me interesó ni yo le interesé a él. Se lo digo, pero R. no me cree, al parecer ella está absolutamente segura. Le digo a R. que yo me voy a casar con un hombre que conocí esa noche y de quien estoy profundamente enamorada, pero como no sé el nombre de él, R. no me cree. La situación es muy angustiosa. Me alejo de R., cuidando de llevar a Fran bien agarrado de la mano porque temo que R. quiera vengarse de mí haciéndole algo a él. Otra vez estoy en el laberinto de pasillos, y alcanzo a ver a mi hombre sin nombre, que me sonríe desde lejos, y me transmite tanta felicidad, y siento que no quiero estar en medio de todas esas "pasiones", que lo único que quiero es irme con Fran y con mi "futuro esposo" y alejarme de allí.
(Entiendo que todo el sueño está relacionado con ciertas conversaciones que he estado manteniendo en estos días, de alguna manera lo que les sucede a mis amigas reales en el sueño me está pasando a mí, no es extraño porque vengo padeciendo mucho lo que les está sucediendo). No deja de resultar significativo que todos los supuestos candidatos tengan nombre excepto el que realmente me gusta, a quien por cierto no conozco de antes, y sin embargo al verlo he identificado tan plenamente como aquel con quien quiero estar, con quien "corresponde" que esté)
(Entiendo que todo el sueño está relacionado con ciertas conversaciones que he estado manteniendo en estos días, de alguna manera lo que les sucede a mis amigas reales en el sueño me está pasando a mí, no es extraño porque vengo padeciendo mucho lo que les está sucediendo). No deja de resultar significativo que todos los supuestos candidatos tengan nombre excepto el que realmente me gusta, a quien por cierto no conozco de antes, y sin embargo al verlo he identificado tan plenamente como aquel con quien quiero estar, con quien "corresponde" que esté)
lunes, 26 de abril de 2010
10.04.26: Sueño de oficina
Voy a mi trabajo habitual, que al parecer es una editorial de éxito, y que no se relaciona en nada con trabajos anteriores que tuve. Es una oficina muy moderna, limpia, blanca, re publicitaria. Pero al llegar la oficina toda revuelta, están poniendo más escritorios y han sacado otros, hay cajas por todas partes y la sensación general de estar armando una "escena" para terceros. Y veo que está la gente para la que solía trabajar hace más de diez años. Enseguida capto lo que está sucediendo. Mis ex jefes están montando una escena de oficina moderna y nueva para algún potencial cliente, y para eso le han pedido prestada las instalaciones a la gente de la editorial. Estoy molesta por esa intrusión de mi pasado, pero colaboro. Enseguida de comenzar a colaborar siento un malestar creciente porque mis ex jefes comienzan a darme órdenes, como si yo aún trabajara para ellos, pero además noto que se han traído a todos los empleados que supuestamente habían echado cuando cerraron las viejas oficinas para las que yo trabajaba, y me doy cuenta de que los han recontratado a todos, menos a mí. Y a pesar de que no tengo ningún deseo de volver a trabajar para ellos, igual me molesta que no hayan considerado recontratarme.
viernes, 9 de abril de 2010
10.04.08: Sueño de la vecina envenenadora
Estaba en mi patio, que se veía bastante más grande y luminoso de lo que es en realidad. Y estaba barriendo. Y mientras hacía eso escucho una conversación en el patio de al lado. La conversación la mantenían el ex administrador del edificio (aunque en el sueño no era "ex"), y una vecina de dos pisos más arriba (que en el sueño vivía en el depto al que pertenece el patio lindero), y entre ellos se decían algo así como:
- ¿Y qué vamos a hacer para que no lo sepan?
- No queda otra, hay que matarlo.
Yo sabía que se referían a otro vecino, que había descubierto cierta tramoya de estafa (la cual es cierta en esta realidad).
En ese momento hacen un silencio, y el administrador llama:
- ¿Cecilia?
Inmediatamente sé que se dieron cuenta de que yo había oido todo, y que ahora querrán eliminarme. Por una puertita que separaba ambos patios (que no existe), entra entonces la vecina, lleva en sus manos un fuentón lleno de un líquido que sé que es veneno, lo derrama en mi patio y se retira con una sonrisa diabólica. Me doy cuenta de que quieren envenenar primero a mis gatos. Me siento impotente frente a ellos, entonces intento lavar lo más rápido que puedo todo el veneno, pero igual sé que es inevitable que alguno de los gatos no se intoxique. No estoy demasiado asustada, lo que siento es la inevitabilidad de los hechos que se avecinan. Me pregunto qué debería hacer, y llamo a Mabel. Ella consigue un abogado, y con ella y el abogado nos vamos al patio de al lado. Intento decirles, a todos, que escuché la conversación en la que declaraban su intención de matar al vecino, y de que ya han intentado envenenar a mis gatos y querrán envenenarme también a mí, pero nadie hace demasiado caso a lo que digo e intentan llevar las cosas por el lado legal. Me hacen sentir hastiada, y siento que tengo que tomar el asunto por mano propia.
- ¿Y qué vamos a hacer para que no lo sepan?
- No queda otra, hay que matarlo.
Yo sabía que se referían a otro vecino, que había descubierto cierta tramoya de estafa (la cual es cierta en esta realidad).
En ese momento hacen un silencio, y el administrador llama:
- ¿Cecilia?
Inmediatamente sé que se dieron cuenta de que yo había oido todo, y que ahora querrán eliminarme. Por una puertita que separaba ambos patios (que no existe), entra entonces la vecina, lleva en sus manos un fuentón lleno de un líquido que sé que es veneno, lo derrama en mi patio y se retira con una sonrisa diabólica. Me doy cuenta de que quieren envenenar primero a mis gatos. Me siento impotente frente a ellos, entonces intento lavar lo más rápido que puedo todo el veneno, pero igual sé que es inevitable que alguno de los gatos no se intoxique. No estoy demasiado asustada, lo que siento es la inevitabilidad de los hechos que se avecinan. Me pregunto qué debería hacer, y llamo a Mabel. Ella consigue un abogado, y con ella y el abogado nos vamos al patio de al lado. Intento decirles, a todos, que escuché la conversación en la que declaraban su intención de matar al vecino, y de que ya han intentado envenenar a mis gatos y querrán envenenarme también a mí, pero nadie hace demasiado caso a lo que digo e intentan llevar las cosas por el lado legal. Me hacen sentir hastiada, y siento que tengo que tomar el asunto por mano propia.
martes, 2 de marzo de 2010
10.03.02: Sueño con Eugenia Uriz
El sueño lo tuve la noche de anteayer, pero lo recordé recién esta mañana al leer la palabra "correligionario". Recordé de pronto a Eugenia Uriz, compañera de secundaria, que en ese entonces se iniciaba en las filas del radicalismo y gustaba de usar esa palabra, para diferenciarse del "compañero" o "camarada". Ahí me acordé del sueño. Soñaba que me encontraba con ella, en su casa. Estaba poco más o menos como la última vez que la habré visto, es decir era la Eugenia de veintipocos que estudiaba Economía. En mi sueño ella estaba casada ya hacía unos años, no tenía hijos (no sé si tiene), y vivían en una muy linda casa a la que yo declaraba "estilo años 70". En mi sueño yo era la que soy ahora, y por lo tanto me fijo en las casas, por deformación laboral si se quiere. Ella y su marido, que en mi sueño era un chico muy jovencito, parecían muy activos, felices y de alguna manera bastante desinteresados, como... superficiales. Lo sorprendente es que la casa era oscura, casi como lo es mi departamento.Tenía buenas y grandes ventanas, y no obstante adentro estaba todo en penumbras. Yo me fijaba en esto, y en que era un detalle que molestaba a Eugenia y procuraba disimularlo.
lunes, 11 de enero de 2010
10.01.11: Conduciendo el camion / Funeral del amante de una amiga
I. He decidido que voy a viajar desde Chivilcoy hasta Estados Unidos. Para ello usaré un camión gigantesco, es realmente una mole. Me siento para conducir, voy por la salida de Chivilcoy hacia Ruta 5, y cuando ya arranqué caigo en la cuenta de que prácticamente no sé conducir, y además los comandos del camión son extraños. Tiene un volante, pero en vez de palanca de cambio y pedales tiene una botonera que no sé cómo se maneja. Pero ya estoy al volante, y mientras voy derecho no encuentro problemas aunque voy rogando que no se me cruce ningún niño. Repentinamente aparece ante mí una carretera transversal, y atrás hay un enorme embalse. Doblo como puedo pero la carretera tiene escaleras y se diversifica y no sé cómo hacer para que el camión marche como debiera. También soy repentinamente consciente de que, además, desconozco cómo llegar hasta Estados Unidos y mucho menos atravesarlo, no tengo mapa de rutas ni nada. Aunque esto me alarma y me auto-recrimino por haber salido tan poco preparada, tampoco me siento especialmente asustada.
II. Estoy en un auto pequeño, creo que es un Citroen 4L o algo similar, en el asiento de acompañante. El conductor es un hombre de unos 60 años, que sé que es o ha sido el amante de una amiga (Radha?). Este hombre me resulta atractivo, es delgado, usa bigotes bastante grandes -creo que se parece un poco a R. Fogwill-. El hombre detiene el auto, es una calle como de pueblo y ha anochecido. Se acerca a mí para besarme, y estoy decidiendo si voy a aceptar o no tener sexo con él, y en ese preciso instante se muere. La situación no me preocupa ni me asusta, pero sí me apena por él, es alguien por quien sentía respeto y cierta admiración. De alguna manera el hombre ya está en su casa, donde la familia está haciendo los preparativos para el funeral.La casa es en la Patagonia. Aviso a algunos amigos comunes para que nos traslademos, entre estos amigos se encuentran Enrique Obejero, Hernan Balatti. Cuando llegamos, está la que fuera esposa del hombre muerto. Es una mujer sumamente agradable, de alrededor de 60 años, y es maestra. Como muestra de respeto aceptamos tomar una clase con ella, y entonces nos sentamos todos en sendos pupitres. Ella va diciendo cuentas en voz alta, o las escribe en el pizarrón, y nosotros respondemos. Hace la siguiente cuenta:
1 + 6
11 + 12
Yo levanto la mano para responder, aunque ni siquiera he mirado la cuenta, y luego me avergüenzo porque me cuesta mucho encontrar la solución a la segunda suma.
II. Estoy en un auto pequeño, creo que es un Citroen 4L o algo similar, en el asiento de acompañante. El conductor es un hombre de unos 60 años, que sé que es o ha sido el amante de una amiga (Radha?). Este hombre me resulta atractivo, es delgado, usa bigotes bastante grandes -creo que se parece un poco a R. Fogwill-. El hombre detiene el auto, es una calle como de pueblo y ha anochecido. Se acerca a mí para besarme, y estoy decidiendo si voy a aceptar o no tener sexo con él, y en ese preciso instante se muere. La situación no me preocupa ni me asusta, pero sí me apena por él, es alguien por quien sentía respeto y cierta admiración. De alguna manera el hombre ya está en su casa, donde la familia está haciendo los preparativos para el funeral.La casa es en la Patagonia. Aviso a algunos amigos comunes para que nos traslademos, entre estos amigos se encuentran Enrique Obejero, Hernan Balatti. Cuando llegamos, está la que fuera esposa del hombre muerto. Es una mujer sumamente agradable, de alrededor de 60 años, y es maestra. Como muestra de respeto aceptamos tomar una clase con ella, y entonces nos sentamos todos en sendos pupitres. Ella va diciendo cuentas en voz alta, o las escribe en el pizarrón, y nosotros respondemos. Hace la siguiente cuenta:
1 + 6
11 + 12
Yo levanto la mano para responder, aunque ni siquiera he mirado la cuenta, y luego me avergüenzo porque me cuesta mucho encontrar la solución a la segunda suma.
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